Pérdida de competencias de los farmacéuticos

Los fármacos son un elemento extraordinario, pero más bien un componente importante para mantener el bienestar de las personas.

Es más, este es el lugar donde comienza una circunstancia irreconciliable, ya que desde un punto de vista, existe el privilegio del negocio farmacéutico a la hora de adquirir beneficios que lo impulsan a seguir experimentando, mientras que nuevamente existe el privilegio del bienestar y que cada persona debe apreciar.

Los argumentos utilizados con frecuencia para legitimar la expansión de los precios de los medicamentos dicen que los nuevos procedimientos, la producción de partículas más confusas y la utilización de aparatos progresivamente costosos, son los que han aumentado los gastos masivamente.

Estos problemas se agravan por la presión para disminuir los precios en el área, con los gobiernos haciendo hincapié en la edad de la población.

Pérdida de competencias de los farmacéuticos

Sea como fuese, los profesionales de la industria sostienen que:

Así pues, los precios de ensamblaje han disminuido en realidad esencialmente, debido a la utilización de métodos y formas modernas más eficaces y gracias a la mecanización de numerosas etapas de creación, con la consiguiente disminución de la mano de obra. Por otra parte, la mano de obra se ha reducido esencialmente tras las grandes fusiones de las verdaderas organizaciones farmacéuticas que se produjeron en los años noventa, lo que ha provocado una afluencia de recortes en la petición de unos pocos representantes.

¿Cómo está el tema hoy en día?

El mayor generador de precios en la industria farmacéutica actual no es la fabricación de medicamentos, ni el interés en el trabajo innovador, son los precios que se derivan de la exhibición o promoción de sus artículos, que incorporan un gran número de dinero gastado a la hora de realizar encuestas, la investigación de la competencia, los sistemas de ubicación, la expansión de patentes, la difusión, el avance, la publicidad y las ofertas de sus artículos, además de los gastos gerenciales importantes para mantener la multinacional.

De la misma manera, los altos costes no se identifican directamente con el interés a la hora de investigar, sino que se benefician de la promoción de las recetas, como ocurre con los que se encuentran en la industria farmacéutica.

Algunas de estas ideas fueron creadas por Marcia Angell, que fue una de las personas que realizaban dichas investigaciones, trabajadora e investigadora en la New England Journal of Medicine por más de 20 años.

Muchas de las quejas realizadas por Angell, acusan a la industria farmacéutica de crear ellos mismos diferentes enfermedades que antes no había, con el objetivo por parte de estas de vender más medicamentos.

La utilización de soluciones inadecuadas, inseguras o dañadas afecta la calidad de los medicamentos, pudiendo provocar exacerbación de la condición de la dolencia, desprotección médica y algunas veces fallecimiento de los pacientes. Además, esto hace que al final se desconfíe de los servicios médicos, de los expertos en el bienestar y de los fabricantes y mayoristas de artículos.

Gastar tanto dinero en las investigaciones de dichos productos farmacéuticos que son incapaces de curar o que son de baja calidad es despilfarrar dinero, ya sea por empresas farmacéuticas u por organizaciones abiertas.

En conclusión…

Tal y como lo veo, los farmacéuticos minoristas ya no son relevantes en el cuidado de la salud, ya que se han dejado relegar a la posición de técnicos sobreeducados.

Y esto no tenía que ser así, ya que en la década de 1960, los farmacéuticos tuvieron la oportunidad de tomar las riendas y hacerse responsables de las decisiones médicas y de los precios, pero decidieron ceder ante los poderes fácticos y permitieron que las asociaciones farmacéuticas y las universidades tomaran decisiones que fueron perjudiciales para el negocio minorista.

 

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